0%

Beny Moré: como pasa el tiempo y queda su voz

Posted By: admin On:


El disco Siempre Tu Voz, de Omara Portuondo con la Orquesta Failde, revitaliza el legado musical del Bárbaro del Ritmo en el centenario de su nacimiento


Fuente: Cubadebate. Por: Gaspar Marrero

– I –

Recuerdo la muerte del ídolo como una de esas vivencias que lo marcan a uno. El profundo dolor de todo un pueblo me hizo preguntarme, desde mi visión infantil —han pasado casi sesenta años—, quién fue aquel hombre cuya partida hizo llorar a una isla entera…

Semanas después, salió a la venta el primer Disco Homenaje al Bárbaro del Ritmo. Obsesionados como estábamos por el deseo apasionado de reencontrarnos con el Benny, siquiera así, muy pocos cubanos de entonces hicimos conciencia de cuanto se expresaba en el reverso de portada de la producción. Entre queridas imágenes del cantor, un fragmento de las notas al disco, inconcebiblemente anónimas (muchos años después supe que fueron escritas por el inolvidable periodista Omar Vázquez), dice, como premonición: “Estas son canciones del gran trovador, del gran juglar de un tiempo que termina. Otra Cuba empieza.

“Otros artistas nacerán del pueblo y cantarán distinto.”

… Desde aquella trágica noche de 1963, muchos han sido los tributos musicales a aquel ídolo que es, y por mucho tiempo más, Benny Moré. Primero, se trataba de compilaciones de sus grabaciones. No se sabe por qué la mismísima RCA Victor se hizo de la vista gorda y nunca, que sepamos, le objetó a los cubanos la reproducción de sus grabaciones: por el contrario, la firma, en sus cien años, obsequió a los familiares del gran artista con una suerte de trofeo donde se inscribe una breve, pero emotiva frase: “Benny Moré, ¡gracias!”

Después, tímidamente, valores musicales desafiaron el reto gigantesco de cantar algunas de sus creaciones. Queriendo conservar con celo extremo su recuerdo, no perdonábamos al intérprete que quería ponerle lo suyo, o al arreglista que se salía del marco instrumental original. Pero, paradójicamente, agradecimos sinceramente al sonero venezolano Oscar D’ León que nos devolviera, a su estilo, a un Benny que, veinte años después de su partida, parecía nuevamente
inhumado. Y vino la tormenta anunciada cuando X Alfonso, en su visión del siglo actual, incluyera su voz en un singular marco roquero que provocó insultos y hasta desafíos a los productores radiales que programaban el compacto “X Moré”. Tengo ejemplos propios y ajenos…

Desconozco dónde se han escondido los detractores, que no han aparecido desde que las trasmisiones beisboleras de nuestra televisión matizan el resumen visual del juego que termina con la voz del Benny junto a Pérez Prado envuelta en el ropaje sonoro de la electrónica actual: sigue aquí…

Mira como pasa el tiempo y queda tu voz…

– II –

Era de esperar el homenaje discográfico a Benny Moré en su centenario. ¿Cómo lograrlo? ¿Cómo regresarlo a la vida sin recorrer, nuevamente, los mismos caminos trillados que conducen al museo de los objetos irremisiblemente relegados por el tiempo?

La respuesta es, sin lugar a dudas, este disco. Es el homenaje sentido a un Moré verdaderamente redivivo, despojado de la etiqueta que dice, trágicamente, “patrimonio intangible”.

Iniciativa del cada vez más sorprendente Pedro Pablo Cruz, ejemplar incuestionable del hombre-orquesta, la idea reunió a una agrupación que llegó para quedarse, surgida bajo el amparo musical del danzón impulsado, siglos atrás, por los antecesores del joven, talentoso y carismático Ethiel Faílde —apellido glorioso para la música cubana—; a nombres cuya aparición en este álbum asombrará a muchos; a los músicos jóvenes y valiosísimos que conforma la Orquesta Faílde y a una cada vez más idolatrada Omara Portuondo, despojada del cartel comercial de “Diva del Buenavista…”

Atrapada por las experiencias vividas —más que añoranzas— ella recrea en cada pista aquella época en que, con las míticas muchachitas de Aida Diestro, compartió con Benny Moré y con otros grandes, grabó el soberbio Lp Magia negra y se cansó de hacerle coro a sus compañeros, de modo anónimo: Pío Leiva, Rolo Martínez, Roberto Faz y el Casino, Aurelio Reinoso… Quizás, Omara
sea la última sobreviviente de los tiempos que recrea este disco. Siempre actual, tan versátil como muchas voces de su tiempo de esplendor, enseña, más que demuestra, el nivel de maestría al que se puede llegar cuando se dedica la vida al empeño.

En su voz, rodeada de muchachos que le demuestran su admiración en cada compás, vuelve la estampa del Bárbaro en demostración clara de lo que es, verdaderamente, la inmortalidad:

Mira como pasa el tiempo y queda su voz…

– III –

Siempre tu voz es el título ideal para esta celebración musical de cien años (¡los primeros cien del lajero mayor!). Se reúnen nueve obras del repertorio del Benny, tras difícil y acertada selección: desde los conocidos Oh, vida, Te quedarás y Bonito y sabroso, Y hoy como ayer, Mata siguaraya y Cómo fue, hasta otros menos repetidos: La múcura, Las mulatas del chachachá y el tristemente olvidado bolero Rezo en la noche, cuyo estreno por el Benny, en el cabaret Ali Bar de 1959, arrancó lágrimas que borraron aplausos.

Una orquesta sui géneris, que combina convincentemente la charanga danzonera y la agrupación bailable de hoy, impregna a la producción de un cubanísimo ambiente donde, pese a la multiplicidad de géneros, el chachachá, el bolero, la canción y el bolero cha avalan la amplísima variedad rítmica que caracteriza a esta Isla de la Música. El beguine se transforma en bolero, el bolero en canción y el mambo en chachachá. Todo mezclado, al decir de Guillén.

Con arreglos más que actuales, que respetan el espíritu de aquellas partituras que respaldaron a Moré —con citas frecuentes y la reproducción increíble de las ideas de Generoso Jiménez cuando orquestó Oh, vida— se rompe el mito de que los clásicos hay que tocarlos al calco. Prueba de ello fue él mismo, el Benny, cuando interpretó el arrullo del palmar de Lecuona con el chachachá de moda, aunque muchos conservadores protestaran: hoy, quienes lo cantan piden ese mismo arreglo, sí, ese, que le arrancó en pedazos a las palmas cubanas el ropaje musical europeo. Asimismo, Cómo fue, la melodía que abrió las puertas del bolero al Bárbaro parece un bolero compuesto ayer de tarde.

Para conseguir ese entorno singular, el propio Faílde obliga a su flauta a atacar los registros medio y grave, aunque ella quisiera, como danzonera al fin, destacarse con la estridencia de la charanga, a la usanza de Richard o Fajardo. Por su parte, los violines demuestran que sí pueden hacer guajeos. Y, como regalo, el nostálgico solo de piano que obligaba a los bailadores de antaño a
desamarrar su gracia y sus virtudes coreográficas. Las mismas de las que hiciera gala Benny ¡hasta para dirigir a su querida tribu!

Mira como pasa el tiempo y quedas…

– IV –

No podían negarse al homenaje.

Telmary demuestra que pueden defenderse los cantos de hoy con la esencia de la música cubana: Otros artistas nacerán del pueblo y cantarán distinto. No impone su estilo: sabe acoplarlo al mensaje musical. Como afirma el rápido Pancho Amat: “yo hago como los guajiros: camino siempre pa’lante, pero, a cada rato, volteo y miro hacia atrás, ¡para no perderme!” ¿William Vivanco? Sí, ¡claro! En Mata siguaraya, mientras los músicos de Faílde, cubanos al fin, ponen el sabor africano que los músicos mexicanos no podían trasmitirle a Benny, el popular Cimarrón exhibe sus condiciones como verdadero intérprete: no todos nuestros cantantes lo son. Una cosa es cantar y otra interpretar. Y como guiño a aquella guaracha mambeada titulada Deja que suba la marea, que grabó Moré con Tony Camargo, las Gaona y Prado, el dominicano Johnny Ventura (cuando nos visitó por primera vez pidió que lo llevaran a la tumba de Benny) se une a Omara en La múcura —lamentable olvido en los créditos al verdadero autor, el colombiano Crescencio Salcedo— para desplegar toda la picaresca de la guaracha cubana.

De la orquesta, Yurisán Hernández es un ejemplo de que, contrario a lo que suele pensarse, los cantantes de las orquestas actuales pueden -y deben- acercarse al bolero para imprimirle variedad a un repertorio bailable que, incluso en las agrupaciones llamadas “de primer nivel”, pecan de una inconcebible “monotonía genérica”. E incluyo en esta lista a muchos grandes. Sus pasajes a dúo con Omara, a la usanza de entonces, no se limitan a la trasposición esquemática de escalas. La prometedora Yerlanis Junco -anoten ese nombre- convoca, desde la frescura de su voz: “Canta, Bartolo, sobre el olvido…” ¿Qué pasará con ella en cinco años más y, sobre todo, después de esta experiencia que, no tengo dudas, marcará su vida?

Después de recordar a aquellas mulatas del cha que Evelio Landa hizo nacer para el genio musical, la escala irrepetible que uno no imagina que Benny, desde el empirismo y la intuición, pudiera concebir para las mexicanas que bailan el mambo y para la mata que no se pué tumbá, eh…Luego de una oda a la cancionística cubana en que estos artistas convierten Rezo en la noche, —bolero escrito por Francisco Escorcia durante la Segunda Guerra Mundial y con increíble vigencia en la Cuba de 1959— llega el clímax del tributo: Siempre tu voz, original del asombroso Pedro Pablo Cruz. Resumen de estos casi sesenta años sin su presencia, son los versos que canta Omara: “Benny, en el alma de los sonidos, / en las leyendas y en el joven cantor, / por los altares de todo un
siglo, / nunca el silencio calló tu voz.”

Un diseño sobrio, sin chirridos visuales hace parecer a este disco como uno más. Es la intención. Lo más importante es la música que de lo digital emana. Y, más que la música, la soberbia ofrenda al artista que hizo reír, cantar y bailar a todo un pueblo y que entrega a Cuba en su voz a quienes lo siguen -miles y miles- en todo el mundo. Un gran homenaje: otro ditirambo sobra:

Mira como pasa el tiempo y queda tu voz, / siempre tu voz…

Sancti Spíritus, a los cien años del Benny
Source: radioelsalsero.com


Play Cover Track Title
Track Authors