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Roberto Roena: así serán sus funerales y los tres meses que vivió en Cali

 

ACTOS FUNEBRES DEL MAESTRO ROBERTO ROENA: 

Los restos de “El Señor del Bongó” Roberto Roena Vázquez, quien falleció el pasado jueves a sus 81 años, serán expuestos el próximo fin de semana en Mayagüez y San Juan.Así lo informó Andrés Waldemar, cantante de la orquesta y portavoz de la familia.

“Agradecemos grandemente al honorable Miguel Romero, alcalde del municipio de San Juan, por su disposición y gran ayuda en todo este proceso y de igual forma, al municipio de Mayagüez y su honorable alcalde José “Guillito” Rodríguez y a todo su personal por tanto amor al maestro”, expresó el integrante de la agrupación de Roena Vázquez.

El próximo sábado, 2 de octubre, el velatorio dará inicio en Mayagüez en honor a su nacimiento y primeros años de infancia. La comitiva fúnebre saldrá de la funeraria Ehret en San Juan recorriendo la costa norte hacia Mayagüez. Se espera que a eso de las 10:45 a.m. haga su llegada al puente de la carretera PR-2 en la Sultana del Oeste. Habrá un recorrido por las calles principales de la ciudad mayagüezana, incluyendo su barrio Dulces Labios.

Luego de este recorrido, llegará al Palacio de Recreación y Deportes, donde el pueblo tendrá la oportunidad de brindarle el último adiós y participar de un acto protocolar coordinado por la Oficina de Cultura y Prensa del municipio de Mayagüez.

Mientras, el domingo, 3 de octubre, el velatorio continuará en el Coliseo Roberto Clemente, en San Juan.

A eso de las 9:30 a.m., la comitiva fúnebre hará un recorrido por la calle Aponte en Santurce, donde Roena vivió junto a Doña Raquel, su madre, y luego llegará a los predios del coliseo. Allí, la ciudadanía tendrá la oportunidad de despedir al maestro y presenciar los actos protocolares y el homenaje a la vida de Roena. Se estima que a la 1:00 p.m. inicie el acto protocolar que incluirá presentaciones musicales, un momento ecuménico y mensajes oficiales.

Para participar del evento será requerido el uso de mascarilla en todo momento y presentar evidencia de vacunación e identificación válida. Luego de finalizado el homenaje, los ciudadanos tendrán un tiempo adicional para despedirse del maestro, finalizando el velatorio a las 5:00 p.m.

Por último, el lunes, 4 de octubre,el gobernador de Puerto Rico decreto dia de duelo por lo que las banderas ondearán a media asta a la memoria de Roberto Roena y se realizará el entierro, que será privado para familiares y allegados, en el cementerio Borinquen Memorial de Caguas.


Roberto Roena y los tres meses que vivió en Cali.

Fuente: 90 minutos, Colombia. Por: Gerardo Quintero

Pocos saben que un devastador huracán en su natal Puerto Rico envió al cantante a buscar refugio en una ciudad que lo hizo suyo y lo consagró como uno de sus ídolos musicales. Historia de un enamoramiento eterno con el artista que nos enseñó que después de que uno vive 20 desengaños, qué importa uno más. Buen viaje, Señor Bongó.

Los hemos escuchado tantas veces con sus voces o con sus descargas vibrantes, los seguimos viendo tan jóvenes en sus antiguos videos, los percibimos tan vitales en sus bailes de antaño que creemos que son eternos. Pero no es así, la madrugada del 24 de septiembre nos sorprendió con la partida del rey del bongó, el hombre que le sacó brillo a los metales, el artista que hizo de la salsa un rito inigualable de baile y que estuvo en la primera línea de orquestas emblemáticas como Cortijo y Su Combo, el Gran Combo de Puerto Rico, La Fania All Stars y, su gran amor, La Orquesta Apollo Sound.


A los 81 años falleció en su viejo San Juan, Roberto Roena, el destacado compositor, percusionista, arreglista, director y electrizante bailarín que hizo de Cali su segunda casa. Fueron múltiples las ocasiones que visitó esta ciudad, en la que una fanaticada enamorada de su trayectoria lo siguió como suelen hacerlo los caleños con sus ídolos musicales: frenéticamente, de manera apasionada y siguiendo su huella como si fuera el único artista del Planeta.

Aquí en esta ciudad, que alguien tuvo a bien bautizar como La Capital Mundial de la Salsa, Roena tuvo una experiencia singular que muy pocos saben. En Cali, Roberto Roena vivió tres meses, en silencio, alejado de los grandes escenarios y escapando del desastre que había dejado en su país natal el Huracán María. Sí, esta historia es real y sucedió en el 2017. Al igual que su colega y amigo Héctor Lavoe, con quien compartió escenario con la Fania All Stars, ‘El Señor Bongó’ vino a atemperar, en unas circunstancias disímiles pues mientras ‘El Cantante de los Cantantes’ llegó buscando la cura para un alma atormentada por el exceso de drogas, Roena arribó huyendo de una hecatombe de la naturaleza que lo arrinconaba.

Umberto Valverde, escritor y amigo, me contó la reciente historia de un Roena que trasegó por las calles de Cali, en plan de jubilado salsero, pero al que en cada esquina su fanaticada lo reconocía sin dificultad. Umberto relata que hace cuatro años el bongosero puertorriqueño decidió contactar a un amigo, el empresario salsero Gilberto Cárdenas, para que le diera una mano en medio de la tragedia que vivía su país. “Aquí Gilberto se hizo cargo de él. Decidió alquilar un apartaestudio en Vipasa para instalarlo y Gilberto, personalmente, se encargaba de alistarle sus medicinas y ayudarle con el mercado”. Pero como ‘vaca ladrona no olvida el portillo’, Roena se volaba en las noches frescas de la capital de la rumba para ir en busca de su hábitat natural. Como la sombra de un curtido caballo azabache, merodeaba aquellos espacios donde mejor se sentía: discotecas y salsotecas fueron testigos del incógnito músico que llegaba en busca de la melodía que lo devolviera a sus recuerdos, que lo sumergiera en la musicalidad de ese Puerto Rico lejano, que lo regresara a la gloria de los años locos setenteros en Nueva York.

Pero había un truco, un as bajo la manga, un conejo bajo el sombrero que el veterano artista utilizaba en aquellas noches que regresaba a sus orígenes para no perderse en medio de las tinieblas salseras caleñas. Cuando se sentía cansado, después de libar unos cuantos wiskyes y despedir a los amigos ocasionales de la rumba furtiva, Roberto pedía un taxi, pero no hablaba con el conductor. Simplemente porque con los años, la inconfundible gravedad de su voz se fue extraviando aún más hasta devenir en sonidos casi incomprensibles. Sabedor de esa barrera, Roena simplemente se montaba al carro y extendía una de las decenas de tarjetas que cargaba del empresario Gilberto Cárdenas. Allí el taxista solo debía leer que Roena era quien lo acompañaba y que debía enviar una señal salvadora a Cárdenas.

“A cualquier hora de la noche, Gilberto recibía una llamada de un taxista que le contaba que estaba con Roena y esperaba instrucciones. Entonces le pedía al taxista que lo acompañara, que no lo dejara solo, que lo llevara al barrio Vipasa, le ayudara a entrar, lo atendiera y que él se encargaría de pagar un dinero extra al buen samaritano conductor”, recuerda Valverde.

Y así como se van las noches, pensando y pensando, fueron las que vivió Roena en la ciudad. Como aquellas que recuerdan quienes fueron testigos de las visitas del gran ‘showman’ en Zaperoco, la icónica discoteca que estuvo a punto de cerrar durante la infame pandemia. Allá llegaba Roena en busca de un alivio a la tristeza y era Osman Arias, el reconocido DJ del lugar, quien se encargaba de encumbrar al veterano bongosero al sitial donde pertenecía. Una o dos horas de audición del Apollo Sound eran coreadas por los feligreses del templo rumbero que le recordaban al corcel salsero que “si tú habías pensado por un minuto que el sabor de este negrito se había termina’o estás equivoca’o, óyelo, estás equivoca’o”.

Y es que así tenía que ser porque sí tú habías pensado por un segundo que él no estaba en el asunto y lo habían tumba’o, estas equivoca’o. Este tema se convirtió en uno de los grandes emblemas de Roena y, tal vez, solo tal vez, cuando tronaba en Zaperoco con la fuerza de esas trompetas inconfundibles y ese arranque iluminado: “¡Pa que creas en Dios!”, debía ser inevitable para el músico desandar sus pasos, mirar atrás, para luego volver a ese presente que vivía y observar esa grey caleña que lo adoraba y pensar que sí, que estuvieron equivocados todos aquellos que a finales de los ochenta decían que Roena ya no suena, porque lo que no sabían era que estaba buscando balas pa’ este cañón.

Mientras contemplaba a Osman en Zaperoco, cantando sus temas y escuchando un coro que decía así: “Vigilándote vengo como el águila”, Roberto Roena debió recordar ese inolvidable 1969, cuando después de haberse separado del Gran Combo y de haber grabado una solitaria producción con los fugaces Megatones, apostó por un proyecto al que muchos de sus colegas no le veían futuro. Como recuerda Ricardo Mendivil, comunicador e investigador, Roena era considerado un percusionista menor, interesante con la campana, atrevido con los bongoes, pero lejos de ser una estrella del timbal, el instrumento rey. Pero la ingeniosa cabecita brillante de Roena estaba preparando su sabor para cantarle a la gente su inspiración.


Ese año, histórico para la humanidad pues el 20 de julio pisó por primera vez el hombre el suelo lunar, nació también El Apollo Sound. Fue tanto el impacto que tuvo para Roena ese arribo al satélite natural de la Tierra que decidió bautizar de esta manera su nobel banda, convencido de que su estilo también transcendería en la historia salsera. Así era Roena, siempre de avanzada, pensando en los nuevos sonidos, creando formas ‘porque hasta el Apollo te impresionó’.

En el Libro de la Salsa, el escritor venezolano César Miguel Rondón tiene una particular manera de describir el novedoso ensamble: “Roena, desde el primer momento, rompió con la dotación que ya había hecho tradicional la orquesta salsosa neoyorquina. Asumiendo la influencia de las agrupaciones de las cuales provenía -Cortijo y el Gran Combo-, presentó con su Apollo una sección de dos trompetas, un trombón, el saxo tenor que jamás fue admitido por la salsa oficial del norte. Asimismo, recibiendo el apoyo de los jóvenes arreglistas de la isla, Roberto se volcó sobre una nueva onda que, después de la insistencia y la siempre necesaria paciencia, brindó no pocos éxitos, según el parecer de la mayoría de los melómanos”.


“Yo te tuve en un altar

Como un Dios yo te adoré

Te quería tanto, y tanto

Te tenía tanta fe

Nunca pude imaginar

Que llegará la traición

La traición que ha desangrado

Y me ha roto el corazón”

Lo que surgió después fue una nueva sonoridad que provenía del sur, a contramano del sonido norteño, del barrio latino neoyorquino. Roena lanzó, entonces, uno de sus mejores trabajos musicales en 1974: Apollo Sound 6, imprescindible en cualquier antología salsera. Ya había descollado en una anterior producción ‘Avísale a mi contrario’ y llega entonces ´Traición’, con los arreglos de un talentoso, pero desconocido trompetista Luis Perico Ortiz, que modifica los patrones y esquemas que se acostumbraban en la salsa tradicional del norte y aprovecha toda la sonoridad rítmica y melódica que se podía obtener. Es ‘Traición’, con su trepidante arranque de percusión, la punta de lanza de Roena que le permite hacerse un espacio en el firmamento salsero con su sonido Apollo. En la voz de un inmenso Sammy González, ‘Traición’ es una descarga brutal de sonoridad, de salsa pa’l bailador, de frenesí musical callejero…  El pegajoso estribillo que se escucha como un lamento: “Yo te tuve en un altar, como un Dios yo te adoré, llorarás igual que yo”, rompió los moldes y ofreció la alternativa que esperaban los salseros ante el estancamiento ‘newyorrican’.

“Cuando descanse te hablaré

De un algo extraño

Y vida mía te diré; mi desengaño

Cuando descanse te hablaré

De un algo extraño

Y vida mía te diré; mi desengaño”


A mediados de los años ochenta, Roena y su grupo eran la más arriesgada apuesta musical salsera. ‘Marejada Feliz’ y ‘Mi desengaño’, en la voz de Papo Sánchez, le dieron una vuelta a la esquina rumbera caleña. ‘La Jirafa Roja’, ‘La Manzana’ y ‘El Village Game’ arrancaban y cerraban con estos dos temazos que no se bailaban sino que se palpitaban a lo largo de la pista, mientras los cimientos de los antiguos grilles se estremecían a un solo coro, como si el mismísimo Apollo hubiera alunizado en esos antiguos grilles..

De Roberto Roena aprendimos que después de que uno vive 20 desengaños, qué importa uno más, y que sí, es cierto, se debe admitir que el mundo está lleno de maldad, pero que al estudiar la situación entraremos en razón. También descubrimos cómo se soportan mazazos en el corazón porque aunque dijiste que me querías, que nunca me olvidarías, ahora vivo convencido que eso eran mentiras tuyas, mentiras tuyas son. La experimentación de Roena llegó a su clímax con los sonidos del bossa nova que le imprimió al número y que lo catapultó hasta convertirse en uno de los portaestandartes imperdibles de la salsa en la capital de la rumba.

Tal vez por ese torrente de originalidad que desplegaba el artista en sus producciones es que el investigador y coleccionista  Óscar Cardozo afirma que Roena pudo haber sido bautizado como el diferente de la salsa, porque con tan solo escucharlo hablar se sabía que había una particularidad sonora. “En el trabajo del Señor Bongó se percibe su manera jocosa de dirigirse, su careo con el instrumento es ya de por sí muy simpático”, agrega Cardozo. Y justamente esa es otra de las características que destacan quienes conocieron de cerca al bongosero. Su don de gentes, su carisma, esa singular manera de tomarse tan poco en serio los problemas de la vida lo elevaron a la categoría de un artista del pueblo, querido, respetado y carismático. No en vano, hay que recordarlo, fue el artista que pidió que lo buscáramos en los arrabales que abundan por la ciudad porque para él en esos lugares solo hay felicidad. “Con los pobres hasta la muerte”, truena su voz al fondo.

“Quisiera poder tener aquellas

Cosas que un día soñé

Para luego rechazar el sentimiento de no poder

Por esperar ya no puedo ni tan siquiera reconocer

Que tengo todo en mis manos

Lo q me falta es proceder

Para mí

Esas cosas tan lindas quisiera”

Roena deja un legado de musicalidad envolvente. ‘Para mí esas cosas, ‘Cómo te hago entender’, ‘El lamento de concepción’, ‘Cui Cui’, ‘Guaguancó del Adiós’, ‘No me apures’ son solo una pequeña muestra de una versatilidad musical que mezclaba el son con aires tradicionales y ensambles modernos sin pudor. Por eso el melómano Wilmer Zambrano no duda en afirmar que Roberto Roena es uno de los más grandes artistas de la música latina, que se rodeó de excelentes arreglistas como Julio ‘Gunda’ Merced, Luis Perico Ortiz y le apostó a talentosos vocalistas que apenas despuntaban. “Ese deseo de innovación y de experimentación fue lo que llevó a Roena a crear grandes éxitos en la salsa y a seguir tan vigente como si su música se hubiera compuesto ayer”, me dice Zambrano, de manera más que acertada.

La humildad de Roena y su amplitud de corazón se ven reflejadas en ese último fraseo de ‘Estás equivocado’ donde reparte agradecimientos como si estuviera interpretando un solo de bongo: “Gracias a tí por el apoyo y por creer en mí, gracias a la vieja mía, gracias a pollito, gracias a toda la gente que ha compartido conmigo y a los que no también, me han dado fuerzas para esto… Los quiero de corazón”.

Paz en la tumba del Señor Bongó y recuerden: Cuando nadie escuche mis canciones ya viejas, detendré mi camino en el pueblo de Atillo y allí moriré, y entonces, a Roberto me llevaré. Y ya lo saben, “si quieres oír mi música en tu fiesta llámame al 7212126 en Puertorro y al 5417990, al otro lado, en Nueva York”.

Source: radioelsalsero.com